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Fiebre Tifoidea ( Salmonelosis )

La fiebre tifoidea es una infección sistémica causada por Salmonella enteritica serovar typhi (S. typhi), la causa más común de fiebre entérica, que también incluye a la fiebre paratifoidea, ocasionada por S. paratyphi A, B y C. Los serotipos de Salmonella typhi y paratyphi son patógenos comunes en países en desarrollo. Se conoce como salmonelosis al grupo de infecciones producidas por bacilos del género Salmonella, las cuales se adquieren por la ingesta de alimentos o bebidas contaminados. Se asocian a síndromes febriles y manifestaciones gastrointestinales o sistémicas.

Se han identificado más de 2500 serotipos of Salmonella en una gran diversidad de nichos ecológicos. Una gran parte de las infecciones en el humano es ocasionada por Salmonella enterica, causante de infección intestinal aguda en personas de todos los grupos etarios, y que puede dar lugar a infecciones invasivas graves en lactantes, ancianos y pacientes inmunosuprimidos. La clasificación más reciente de Salmonella, basada en la secuenciación de DNA, considera solamente 2 especies: S. enteritica y S. bongori, subdivididas en subespecies and serovares. S. enteritica serotipo typhi aún se identifica en algunos textos como S. typhi, aunque no sea el término apropiado. Salmonella enteritidis vinculada al huevo de gallina se esta convirtiendo en la principal causa de enfermedad transmitida por los alimentos.

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La presentación clínica de la fiebre tifoidea es variable; la sintomatología va desde fiebre, malestar general, cefalea hasta complicaciones graves como perforación y hemorragia intestinal. Existen diversos factores que influyen en la evolución de la enfermedad como duración de la enfermedad antes del inicio del tratamiento, elección del tratamiento antimicrobiano, edad, exposición previa al agente, historia de vacunación, virulencia de la cepa bacteriana, cantidad del inóculo ingerido y factores del huésped.

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La fuente más activa de infección es la persona con la enfermedad; sin embargo, existe un número importante de personas con infección desconocida (casos subclínicos y portadores sanos). El reservorio de este microorganismo es el hombre. Los contactos en el núcleo familiar pueden ser portadores transitorios o permanentes. El modo de transmisión más común de la fiebre tifoidea es a través del agua y los alimentos contaminados con heces u orina de un enfermo o portador. En algunas regiones del mundo son vehículos importantes los mariscos procedentes de zonas con agua contaminada; las frutas crudas y las verduras fertilizadas con heces; la leche y los productos lácteos contaminados (por lo común por las manos de los portadores) y los enfermos no diagnosticados. La transmisión por contacto directo de persona a persona no es común. Ocurre una alta incidencia cuando las aguas suministradas a la población están contaminadas por materia fecal, como sucede en muchos países subdesarrollados. En países desarrollados con mejores condiciones sanitarias, la fiebre tifoidea es transmitida cuando los portadores crónicos contaminan los alimentos con una inoculación relativamente alta de bacterias y como consecuencia existe una alta incidencia de casos clínicos.

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Las complicaciones son muy raras de ver en el momento actual, sobre todo en el paciente correctamente diagnosticado y tratado. Las más graves y frecuentes y por tanto las que más tenemos que vigilar suelen aparecer a partir de los 10 días de evolución y son la hemorragia y la perforación intestinal. Es excepcional la presentación en forma de neumonía, meningitis, espondilitis, endocarditis, abscesos u  otras localizaciones, así como la presentación de shock endotoxínico tras la instauración de antibioterapia. Como complicación también se puede considerar el estado de portador crónico, definido como la presencia de Salmonella typhi en las heces o en la orina durante más de un año. En ocasiones la vesícula biliar funciona como reservorio y se requiere de extirparla.

Figura 02El Diagnóstico después de la primera semana del padecimiento se recomienda hacer coprocultivo y no hemocultivo, ya que en esta etapa el bacilo se excreta en grandes cantidades en materias fecales.  Prueba de Widal clásica para las “aglutinas febriles”. Carecen de utilidad clínica debido a la alta proporción de resultados positivos y negativos falsos. Ultima década se han desarrollado pruebas rápidas como typhidot o tubex, pruebas rápidas con sensibilidad > 90% y especificidad >80% aun no existe un consenso para recomendar su uso de forma general. El Hemocultivo tradicionalmente se ha considerado como la prueba definitiva para el diagnostico; el aislamiento en las heces, en la orina o en la bilis son pruebas menos convincentes, ya que son factibles en el estado de portador.

El tratamiento inicial una vez documentado será a base de antibióticos y reposición hidroelectrolítica.  Considerar antibiótico preventivo en pacientes expuestos a un riesgo alto de infección metastasica, recién nacidos, personas mayores de 50 años, receptores de trasplantes, VIH. Infecciones focales y bacteremia potencialmente fatal no tifoidica se deben tratar con antibióticos. Debe incluir cefalosporina de tercera generación, una quinolona, o ambas.

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